Yo el escritor

Mi teclado

Mi teclado

Al escribir me convierto en mi personaje. Dicen que parte de madurar como escritor es dejar de escribir en primera persona. Si eso es cierto, yo no he logrado madurar como escritor. Mantengo una conexión más personal con mi personaje si me imagino que soy él. Siempre ha sido así, aunque al inicio intentaba escribir en tercera persona, jamás me sentí cómodo –lo que jamás he logrado hacer es escribir en segunda persona, y tampoco es que lo haya intentado muchas veces.

Mi personaje siempre tiene algún rasgo mío, pero jamás es yo. No sé hasta dónde llegue mi egocentrismo de proyectarme en mis personajes, pero no son versiones completas de mí. Solo comparten ciertos rasgos, y ciertos gustos. Tenés que escribir de lo que conocés y yo solo me conozco a mí mismo y lo que me gusta, así que estoy limitado de esa manera.

Amo a todos mis personajes, incluso a esos de los que no escribí en primera persona, y en esos casos no lo hice porque las características que habían tomado de mí eran tan extrañas que no podía sentirme como ellos. Así que me limité a relatar los hechos. Lo más fiel que pude, pero ya sea cambiando o amoldando ciertas cosas para que se acoplaran a la versión que yo tengo del mundo. La mayoría de ellos están locos, ya sea de una manera que es socialmente aceptable o no, ya sea que necesiten ayuda psiquiátrica o no, pero de alguna manera mis personajes siempre tienen cierto toque de demencia que pueden o no haber tomado prestado de su creador.

En cuanto al cómo escribo. Nunca he tenido ninguna especie de ritual, virtualmente puedo escribir en lo que sea. En papel, en el celular, en la computadora de la sala, en el trabajo, en la casa de alguien más. Con tal de que tenga un procesador de texto y encuentre la manera de sacar un guión largo (–) todo va a estar bien y algo puedo sacar. No digo que todo lo que escribo me guste, ni mucho menos digo que todo lo que escribo sea bueno, pero puedo escribirlo. Puedo poner una palabra después de la anterior con cierta facilidad y al final tener el atrevimiento de llamarlo un cuento. Siempre he pensado que la única persona que puede decidir si soy o no soy un escritor soy yo mismo. Después queda a discreción de ustedes, bellos lectores, decidir si soy uno bueno.

El problema más obstaculizante de mi escritura es que aunque puedo escribir lo que sea, si no va acorde a la manera en la que me siento en ese momento, no me gusta. Puede que aunque me guste sea malo igual, pero a mí me va a gustar y entonces será material digno de ser publicado en mi blog.

Y entonces se preguntan cuál es el problema, algo debo sentir en todo momento y algo debo poder escribir acorde a eso ¿no?, y sí, por un tiempo así fue; pero este mi problema, en mi mente pienso que la gente está al tanto de las cosas que me pasan, y que si mi personaje dice cierta cosa, o hace cierta cosa, todos van a entender a qué me refiero. Pienso que la gente va a ser capaz de trazar el mapa de mi corazón, y eso sí que es lo más ególatra que puede existir dentro de mi cabeza, pero ahí está y no me lo puedo sacar. Así que de vez en cuando tengo que dejar de escribir porque hay algo ahí que no quiero que sepan, y a veces tengo que dejar de escribir porque hay algo ahí que no quiero descubrir.

Dicho eso, luego de decidir sobre quién y qué quiero escribir y bueno pues, escribirlo, queda decidir si se publica o no, si le voy a cambiar algo o si lo voy a dejar como está. Ese trabajo nunca es solo mío. Soy un firme creyente de que la edición es algo bueno, y en defecto de un editor, yo tengo lectores de prueba. Personas en las que confío, personas que leen mis cuentos antes que nadie más y que por lo tanto dejan de ser números en el contador de visitas. A veces es una persona, a veces son hasta tres, pero nunca más, trato de mantenerme lo más puro posible a lo que sentía y a lo que quería lograr cuando lo escribí, y la mayoría de veces los consejos que busco son sobre claridad, sobre si logré mi cometido o si tengo que cambiar alguna palabra o ahondar más en algo en especifico. En si quedó claro porqué hizo lo que hizo mi personaje o si tengo que ocupar más palabras para lograrlo. Cosas por el estilo.

Y entonces se publica, y empieza la ruleta de sentimientos. La espera por reacciones, que tampoco son muchas, pero casi siempre hay alguien que se toma un par de segundos de su día para decirme qué piensa, me explica qué entendió y ahí veo si fui claro y si me di a entender. Y cuando lo logro vale la pena y me emociono, y cuando no me deprimo, y vaya que sí ha pasado un par de veces. También me emociono cuando veo que los números en el contador suben, porque aunque la gente no me diga nada, el hecho de que tantas personas lo lean algo debe de significar. Y eso es suficiente. Un rush de adrenalina se va al torrente sanguíneo y me da la suficiente estabilidad para dormir con una sonrisa, y ese fue un buen día. Así de simple soy. “El arte por el arte” decía el dandy, y a veces lo hago solo por eso. Y por eso vengo y escribo otro cuento.

3 thoughts on “Yo el escritor

  1. Esto es tan complejo y, a la vez, tan brillante, tan honesto, tan humano… No se… Lo leí y algo se movió en mi pecho… Podrá ser sólo un tuit… O una descripción de tu propio ego en sí .. Pero para mi fue mucho más que eso..

    1. Gracias, Laura, aunque no es tan especial como parece. Esta solo es la explicación, lo difícil es lograrlo. Gracias por compartir lo que pensás.

      1. En eso radica la belleza del escrito.. Es sólo una explicación sin una intención.. Pero logro reacción en tu lector.. Cool!

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