Una noche como esta

Una noche como estaNo sé si es posible escaparse de uno mismo, pero al menos durante el tiempo que el alcohol está haciendo su efecto, me siento fuera de mí, me siento tranquilo conmigo mismo. En paz. Al final creo que es por eso que lo hago, por esos segundos de paz que preceden a la nausea y a la rabia. Aunque al final la nausea y la rabia siempre llegan.

Era un momento de esos en los que todo parece tener sentido. Estábamos sentados en el parqueo cada uno con una cerveza en la mano y hablábamos de cosas sin importancia. Si no mal recuerdo Carlos estaba diciendo que había una nueva presentación en el museo. Todos los demás estaban hablando de otras cosas, solamente yo lo estaba escuchando, aunque no por las razones que él creía. Estaba interesado en cómo había descrito el proceso. Me parecía fascinante que alguien pudiera hablar de una manera tan apasionada de algo que para mí era tan inmensamente aburrido. Me hizo preguntarme si lo mismo pasa cuando yo hablo; si alguien al escucharme hablar mañana, por ejemplo, escucharía la emoción en mi voz pero estaría totalmente aburrido por lo que le estoy diciendo. Creo que la respuesta es que sí, es más que probable.

El momento de extrema lucidez pasó y me encontré bailando en el centro del parqueo con otra cerveza en la mano. No sabía cuántas llevaba ya pero tenían que ser varias porque habían ciertos momentos de la noche que no podía recordar. Las chicas siempre beben menos que los chicos, como es de esperarse, pero incluso ellas estaban bastante alcoholizadas. Bailaban pegadas entre ellas y la visión de eso era capaz de calmar cualquier paranoia. Sonaba Enjoy the Silence y Rebeca tenía sus manos levantadas al estilo de David Gahan.

Me vio verla y no le importó. Me hizo señas para que me acercara a ellas – hasta ese momento no me había percatado de que estaba bailando solo –. Levanté mis manos de la misma manera mientras me acercaba haciendo mi mejor esfuerzo por parecerme al cantante y eso les sacó una carcajada a todas. Abrieron un circulo y yo entré sin pensarlo. Justo entonces sonó Shake the Disease y me di cuenta de que estábamos oyendo The Best of (remasterizado) y por alguna razón eso me pareció importante.

Ya era bastante tarde. La música no estaba fuerte, pero aún así el estacionamiento vacío y callado hacía que todo se escuchara más. Incluso el sonido de la ropa al tocar la piel. Esto no es normal, me dije a mí mismo mientras daba una ojeada a mi alrededor. Todo se movía, y era normal porque yo también me estaba moviendo, pero al mismo tiempo no lo era. Al mismo tiempo algo estaba diferente. Le tomé otro trago a mi cerveza y me di cuenta de que no sabía a cerveza. Vi rápidamente hacía el par de cajas que teníamos en la acera y me di cuenta de que todas las tapas estaban solo puestas. No estábamos bebiendo cerveza, pero ¿qué era?

Rebeca se había acercado a mí dentro del círculo y las demás chicas se volvieron a cerrar en otro circulo más pequeño. ¿Cuántas personas habíamos ahí que una chica podía salirse del circulo y aún habían suficientes chicas para cerrarlo alrededor de nosotros?

–¿Qué te pasa? –me preguntó.

–No estoy seguro –le dije –. ¿Qué estamos bebiendo?

–¿De qué hablás? –me preguntó riendo.

–De que esto no es cerveza.

–Por supuesto que no lo es –me contestó –. Beber esto fue tu idea, ¿no te acordás?

–No, ¿qué estamos bebiendo?

–Absenta –me dijo susurrando –. ¿Te sentís bien?

–Sí, sí, ya me acordé.

Pero no lo recordaba. Estábamos bebiendo absenta y había sido mi idea. Vaya idea. Siempre se me ocurren las mejores. Los chicos estaban sentados en la acera y me acerqué a ellos. Las chicas se vieron un poco desilusionadas de que el único chero que estaba bailando se fuera a sentar, pero tenía que ver cómo estaban ellos. Si habíamos bebido lo mismo, las probabilidades decían que ellos también iban a ponerse un poco paranoicos.

–¿Qué onda?, ¿cómo se sienten? –pregunté al llegar.

–Más que vergón –me contestó Jaime.

–Súper paloma, viejo –corroboró David.

Todos los demás hicieron afirmaciones similares y me pareció divertido que hubiera sido mi idea. Aún no lo recordaba, pero me parecía de lo más poético que el único perdido por esa decisión hubiera sido yo, me pareció justo. Me senté con ellos y escuché su conversación por un rato. El mundial de rugby estaba en progreso y yo no sé mucho de deportes, pero me pareció un cambio refrescante de la habitual charla de futbol. De repente un tal “chato” que yo no conocía dijo que jugáramos rugby. Yo les dije que no conocía las reglas y todos me contestaron que las reglas eran fáciles y que no requería mucha destreza, solo fuerza. Yo estaba ebrio así que no me pareció tan mala idea.

Después de dedicarse a explicarme las reglas por unos cuatro o cinco minutos, empezamos a jugar. Estábamos usando un balón de futbol americano, que me explicaron que no es el mismo balón pero que sirve, y nos lo tirábamos los unos a los otros –siempre hacía el costado o hacía atrás – e intentábamos no lastimarnos mucho al caer al suelo por las tacleadas. Odio admitirlo, pero me estaba divirtiendo. Las chicas quisieron participar, nos pareció inapropiado porque estábamos tomados y podíamos lastimarlas sin querer, pero ellas insistieron.

Hicimos dos equipos y repartimos los jugadores equitativamente en género y corpulencia. Luego cada equipo se encargo de explicarle las reglas a las mujeres en el equipo. Fue hasta entonces que tuve una mejor apreciación de cuántas personas estaban en esta fiesta –sí, ya había empezado a llamarlo fiesta –. Éramos 30, fácilmente. Me pareció divertido porque yo ni siquiera conocía tantas personas, el que organizó la fiesta hizo un buen trabajo. En especial consiguiendo la bebida, porque ahora que me fijaba habían bastantes cajas. Para ser una bebida ilegal la habíamos conseguido en abundancia.

Jugamos por un rato y no fue tan violento cómo pensé. El hecho de que hubiera mujeres en el partido hacía que los hombres fueran incluso cuidadosos entre ellos. Casi que estábamos jugando a abrazar en lugar de a taclear. Rebeca iba del otro equipo y en una de esas que yo llevaba el balón aprovechó para taclearme con todas sus fuerzas. Su cuerpo me dio en el estómago y el balón se me hundió en el pecho. Caí de espaldas en el suelo y de repente todos estaban encima de mí haciendo el ruck y yo solo sentía que todo daba vueltas. Alguien finalmente logro sacar el balón de entre el montonerío y el partido siguió.

Yo me quedé tirado y Rebeca siguió encima mío. Me preocupé porque pensé que a lo mejor la habían lastimado, pero luego oí que estaba riéndose con la cara pegada a mi pecho.

– ¿No que muy fuertote pues?, y te botó una chera.

Yo también me reí y le dije que lo que pasaba es que ella era más fuertota que cualquier chera. Acto seguido se empujó hacía arriba y me besó en la boca. Fue entonces que me di cuenta de cuánto me gustaba, de cuánto había querido hacer eso desde hace mucho. La besé fuerte y ella me besó aún más fuerte. Era como si estuviera compitiendo conmigo, y la verdad me pareció perfecto, pero no me pareció el lugar.

–Vámonos de acá –le dije.

–¿Por qué?

–Vámonos a algún lugar donde estemos solos.

–Pero si estamos solos, tontito.

–No, no lo estamos.

Pero sí lo estábamos. No había nadie más. Estábamos sentados en la acera y todas las cajas estaban vacías excepto una que tenía a la par mía, que al parecer era solo para nosotros. No había nadie más.

–Aún así –le dije tratando de no sonar asustado –, no es un buen lugar para hacer esto.

–No, tenés razón, no lo es, pero no hay nadie que nos vea. ¿No te llama la atención hacerlo así? –me preguntó juguetona, pero la verdad es que no me llamaba la atención. Me asustaba –. Tranquilo –me dijo y me siguió besando.

Mi primera intención fue refutarla, decirle que yo no vivía tan lejos y que podíamos llegar rápido pero no pude hablar. No quería reunir la energía que me iba a llevar separarla de mí y decirle todo eso. No tenía siquiera la fuerza de voluntad. Así que me dejé llevar y me abracé a su espalda.

El viento me pegaba en la cara y sentía como se me helaba la nariz. Me llevé una mano al rostro y me di cuenta de que mi mano estaba mojada. Se me había caído un poco del trago. Me limpié en el pantalón y me pregunté dónde estaba Rebeca. Obviamente había tenido otro borrón de cassette porque ella no estaba ahí. Yo tenía mi pantalón puesto y no sentía nada diferente allá abajo así que lo más probable es que no hubiéramos hecho nada, quizás hasta me había quedado dormido, pero que mal de su parte dejarme ahí si eso es lo que había pasado. Siquiera hubiera llamado a alguien si no podía despertarme ella.

Pero entonces vi bien la botella que tenía en la mano y vi que no era una botella de cerveza; era una botella de vidrio de litro, que aún tenía un poco de líquido verde al fondo. Y fue entonces que las imágenes de la noche regresaron a mí: Yo sentado en la acera fingiendo que escuchaba a alguien. Yo en el parqueo bailando al ritmo de música que no escuchaba y luego levantando los brazos, moviéndome y bailando en círculos. Yo corriendo en círculos en el parqueo con la botella bajo el brazo y tirándome al suelo hasta que me quedé ahí. Arrastrarme casi dormido de nuevo a la acera para luego quedarme acostado ahí también.

Sonreí y abracé la botella. Quién iba a decir que me iba a dar una noche tan buena como esta, tenía que comprar más. Me levanté y empecé a caminar lento hacía mi casa. Agarrándome de lo que pudiera y silbando alegremente.

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